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Policía armada, la policía franquista

Te invito a hacer una reflexión y un repaso a unos tiempos que para muchos son ya muy lejanos y que otras generaciones ni siquiera han vivido, aunque sí hayan oído hablar. Una reflexión a través de historias utilizando a la Policía Armada como nexo común, para ver a través de ella una sociedad sofocada, presionada y atemorizada hasta límites en ocasiones impensables e incomprensibles.

Durante más de cuarenta años, y hasta la aparición del Cuerpo Nacional de Policía en 1975 y la posterior llegada de la democracia, la Policía Armada del régimen franquista subyugó a los españoles con mano de hierro. En los relatos que siguen queda bien patente lo difícil que era ser un buen policía en unos años en los que la corrupción, el abuso de las leyes y el poder, campaban a sus anchas.

Eran unos años de chulos, maleantes de todo tipo, pícaros y listillos, pero también de los primeros escarceos con los estupefacientes ante los cuales la policía de la época no estaba, ni muchísimo menos, preparada. Una policía corrupta, politizada, muy machista y tremendamente asqueada. Al policía no se le respetaba, se le temía. No se le pedía ayuda, sino que se le intentaba mantener lo más lejos posible, porque no podían hacer otra cosa que agravar las situaciones.

Aunque en estos relatos se suelen mencionar barrios obreros madrileños, en realidad son un reflejo y una mezcla de barrios de todo tipo, en cualquier población de aquella España castiza, miserable y rastrera que tantas veces idealizamos y que, por desgracia, a veces continúa tan vigente y con fuerza aún hoy, a pesar de toda la imagen de modernidad que se intenta transmitir de cara al exterior.

A día de hoy, las actuaciones de la Policía Armada descritas en este libro nos pueden parecer inadmisibles. Los medios de comunicación, los estamentos oficiales y, en general, desde todos los ámbitos educativos, se ha intentado inculcar al ciudadano un papel de policía valeroso, heroico y ejemplar, propiciado también por las películas de policías americanos. Pero sin embargo en muchos casos dista mucho de la realidad, solo hay que recordar los abusos de la policía estadounidense, o casos españoles como el de una mujer, que apareció en la prensa recientemente, que fue a denunciar un ataque del perro del vecino y poco más que la mandaron "a paseo".

Por supuesto no todos los policías son así, pero recordamos sus actuaciones que, con la excusa de hacer su trabajo y defender "la ley", cortan por lo sano y miden con el mismo rasero ante protestas, e incluso participando activamente en injustos desahucios de personas empobrecidas y sin medio de subsistencia alguno. El ciudadano que carece de medios económicos y no puede contratar eficientes bufetes de abogados, acaba indefenso y sin tener a qué recurrir. Ciertamente puede que sea el trabajo del policía, como en muchas ocasiones hemos visto a gánsters decir que también eran "negocios" sus sucios entuertos. Por supuesto, unos amparados por la ley, otros al margen de ella. Una ley que, en ocasiones, es más injusta que no tener ley, o que operar al margen, y por lo tanto sus ejecutores se convierten en los primeros desalmados, por mucho uniforme que vistan.

También hay policías honrados, que intentan aplicar la justicia y su sentido del deber; en estos relatos nos damos cuenta de ese contraste claramente. Por desgracia, hubo tiempos en que eran los menos, y se ponían en difíciles tesituras si no iban tras lo que dictase la corriente del mandamás de turno, llámese dictador, generalísimo o fuhrer.

Mientras haya un sistema judicial muy desigual según uno sea rico o pobre, una política partidista y una policía estatal o autonómica que sirva los intereses de su patrón y no del pueblo (por algo a la policía se les llama Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, y no "del Ciudadano"), siempre existirán abusos de autoridad, gente que tenga que callarse para no acabar marcada de por vida y, en suma, personas que usan el poder, legítimo o no, para denigrar, abusar, violar e incluso matar, en España y en otros países, bajo este y otro régimen político, enfundando un uniforme y portando un arma que sirve para eso: para quitar vidas, intimidar, y acabar haciendo unos actos que están al margen de la ley, cuando no claramente traspasándola, los que deberían ser precisamente adalides de esa ley.

Contenido de este volumen:

- Introducción

-- La Policía Armada y su tiempo

-- Mujer y sociedad

-- El hogar

-- La industria de la España en los sesenta

-- Marcas y productos de la etapa franquista.

- La ley de la dictadura

- Hay que educarlas

- Haciendo negocios

- Los bajos fondos

- Lo que ocurre en los calabozos

- El soplón

- Un coche por tu amor

- Estados de buena esperanza

- Una reparación fuera de lo común

- Liberar al rehén

- Haciendo de policía

- La travesura

- Un tipo con chándal

- El maltratador

- Fuera de jurisdicción

- Pelea conyugal

- Mujeres sólo para hombres acaudalados

- La feria y los feriantes

- La venganza se sirve fría

- No va más


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  • Size1.03 MB
  • AutorA. Bial Le Métayer
  • Formatopdf y mobi

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